El discurso de la tía Berta en la bendición de la bandera del Somatén.

Queridos hijos,

Al revisar fotografías y documentos antiguos se hallan tesoros insospechados, afloran historias olvidadas e incluso se vislumbra lo que movía los corazones de aquellos que hace un siglo eran tan jóvenes como lo sois vosotros ahora.

Abriendo viejas cajas polvorientas aparece por ejemplo el discurso que encontraréis más abajo y que redactó vuestra tía bisabuela Berta (la hermana de la bisabuela Casilda que fue para vuestra abuela Águeda como una segunda madre). Ese texto lo leyó Berta ante sus convecinos el 23 de enero de 1930 cuando, con 19 años y habiendo sido elegida Madrina del Somatén (un cuerpo armado formado por civiles del lugar), entregó al mismo el banderín insignia en una ceremonia que fue sencilla porque los tiempos eran austeros pero también seria y solemne.

Dejadme que, antes de mostraros el discurso y las fotografías del acto, os explique someramente la situación de la España de la época.

Nos encontramos en los últimos días de la dictadura de don Miguel Primo de Rivera, régimen que empezó en septiembre de 1923 con una sublevación militar incruenta y terminó el 28 enero 1930 (es decir, apenas 5 días después de la ceremonia que nos ocupa). La Dictadura (o dictablanda según otros) había puesto fin a la llamada Restauración, que había durado casi 40 años (desde 1874 hasta 1923) y que había estado marcada por la corrupción, el fraude electoral y la inestabilidad política (durante los últimos 20 años hubo 29 gobiernos).

El 13 de septiembre de 1923 don Miguel Primo de Rivera, que era capitán general de Cataluña, anunció su sublevación desde Barcelona con un manifiesto que, con pocos cambios, podría servirnos para hoy mismo. Este es un fragmento:


«Españoles: ha llegado para nosotros el momento más temido que esperado (porque hubiéramos querido vivir siempre en la legalidad y que ella rigiera sin interrupción la vida española) de recoger las ansias, de atender el clamoroso requerimiento de cuantos, amando la Patria, no ven para ella otra salvación que libertarla de los profesionales de la política, de los hombres que por una u otra razón nos ofrecen el cuadro de desdichas e inmoralidades que … amenazan a España con un próximo fin trágico y deshonroso…»


Apenas dos días después, el militar recibió del Rey el encargo de formar gobierno. Don Miguel disolvió el Parlamento y suprimió las elecciones (decisión que, en mi opinión, permitió que el país pudiera ser encarrilado adecuadamente y se iniciara una época de profunda regeneración). La sublevación contó desde su inicio con el apoyo de buena parte de la población general así como de la burguesía, los regionalistas, las universidades, la casi totalidad de la intelectualidad e incluso los sindicatos socialistas..

Primer despacho de Primo de Rivera con Alfonso XIII tras el golpe del 1923.

Dejad solo que os apunte aquí, en un breve aparte, lo que tantas veces me habéis oído decir de viva voz: que eso que llaman democracia tiene una buena fama muy inmerecida y que, desde el infausto momento en que en 1812 cayó el Antiguo Régimen, sólo en dos ocasiones (las dos dictaduras que en España hemos tenido) ha funcionado nuestra pobre patria de modo eficaz y sensato.

Pero volvamos a la Historia. Fue Primo de Rivera un hombre eminentemente práctico. Reformó las estructuras del Estado, reduciendo la escandalosa corrupción y debilitando (a Dios gracias) a la clase política. Mejoraron las infraestructuras, la economía general y el nivel de vida del español común. Disminuyó la conflictividad social, que en los años previos había sido sangrienta, persiguiéndose duramente a comunistas y, sobre todo, a anarquistas. Sofocó también por fin la terrible rebelión del Rif en Marruecos que había tenido a España 18 años en guerra. Se creó el Servicio de Crédito para liberar a los pequeños agricultores de la usura, cosa que enemistó a Primo con la oligarquía. Casi desde el primer momento la nobleza y el gran capital extranjero conspiraron contra el militar cuya posición fue debilitándose especialmente a partir del año 28. Lamentablemente Primo de Rivera no supo dar una forma política estable a su régimen (había intentado crear una Asamblea Nacional pero el Rey no dio su apoyo y el intento se frustró). Hubo también algún escándalo personal que perjudicó gravemente al régimen: Primo de Rivera presionó a un juez para que excarcelara a una mujer de vida disoluta con la que el militar (viudo) parece que tenía un romance… Al negarse el juez, fue fulminantemente destituido. Las protestas fueron importantes.

En los días del discurso del que hablamos, Primo, harto ya de todo, estaba preparando su dimisión y su autoexilio en París donde, apenas mes y medio después, moriría en el modesto hotel en el que se alojaba. Murió solo ya que sus hijas habían salido a Misa. Repatriado el cuerpo, tuvo un gran funeral y recibió el homenaje sincero de las multitudes.
Don Miguel, con sus carencias, fue un hombre mayormente honrado, viviendo siempre él y su familia con gran austeridad. La historia de su hijo José Antonio (alguien a quien por cierto la tía Berta idolatraba) es también digna de contar. Queda para otra carta.

Dejadme ahora que os hable del Somatén. El Somatén tuvo sus orígenes en la Edad Media y consistía en un cuerpo de gente armada a la que, en caso de peligro, se convocaba a toque de campana o haciendo sonar cuernos. A lo largo de la historia de España esta institución fue suprimida y restablecida en diversas ocasiones. Primo de Rivera la rescató en un momento en que también surgieron uniones cívicas similares por toda Europa. El somatén español tuvo la especificidad de estar muy controlado por el Ejército.

Para pertenecer al Somatén se debía ser hombre de reconocida moralidad que ejerciera su oficio en la misma localidad de residencia, así como disponer de armas en propiedad. Los somatenistas eran considerados agentes de la autoridad cuando la misma requería sus servicios pero podían perseguir y capturar malhechores sin que nadie se lo ordenara. En caso de declaración de estado de guerra su consideración era la de fuerza armada.

Porque, hijos míos, en aquellos tiempos duros y austeros la gente sabía que debía colaborar personalmente en mantener el orden social (y el Gobierno, a diferencia de ahora, no solo no lo impedía sino que lo organizaba y alentaba). La misión general del Somatén era entonces asegurar la tranquilidad del país, hacer respetar las leyes, defender vidas y haciendas, así como las buenas costumbres. Participaban también en la extinción de incendios, en la pacificación de riñas… El Somatén rural reprimía especialmente delitos comunes mientras que el urbano estaba más dedicado a la prevención de choques sociales y, sobre todo, a impedir las huelgas. El Somatén en esta etapa duró 6 años y contribuyó a la movilización política de incluso pueblos tan diminutos como la Villavaliente natal de vuestra abuela Águeda. Este cuerpo civil tuvo así un crecimiento exponencial entre 1924 y 1926 y en su punto álgido llegó a integrar a 215.000 hombres en una España de apenas 24 millones de habitantes. Algunos encuentros fueron realmente impresionantes: 40.000 somatenistas recibieron en noviembre de 1923 a los reyes de España y a Primo de Rivera a su regreso de un viaje a Italia.

Como siempre ocurre, nada fue fácil ni perfecto; en el Sur de España el Somatén fue rechazado por los caciques rurales que veían a la milicia como un freno a su poder local. Hubo también conflictos de competencias y choques con otros cuerpos y autoridades del Estado. Un comandante Canario, por ejemplo, se quejaba de que «hacer respetar las leyes lo entienden muchos somatenistas en un sentido tan amplio que consideran dentro de esta expresión literal incluso los asuntos más baladíes». Algunos somatenistas se creían intocables por la justicia e incluso en un pueblo de Albacete una milicia de somatenistas llegó a ejercer el bandolerismo…. La naturaleza humana, ya sabéis, da para lo que da…

El Somatén sobrevivió a la dictadura de Primo de Rivera hasta que, en abril de 1931, fue suprimido por la Segunda República a los pocos días de la instauración de ésta. Posteriormente, en 1936, tras el Alzamiento que dio inicio a la Guerra Civil, el bando nacional lo restableció en los territorios que controlaba.

Pasemos a la ceremonia concreta que hoy rescatamos del olvido. Tuvo lugar el 23 enero de 1930, el día de San Ildefonso, patrón de Villavaliente; se hallaba el pueblo, por tanto, en plenas fiestas locales. Casi con total seguridad el Somatén de Villavaliente llevaba ya tiempo funcionando: y es que era muy habitual que la ceremonia solemne se retrasara algún tiempo ya que a ella debían concurrir diversas autoridades y era además costumbre intentar que el acto coincidiera con alguna fiesta señalada, todo lo cual contribuía a ir retrasando el momento. El día que nos ocupa se siguió un guion que, con pocos cambios, se repetía por toda España: con la asistencia de autoridades religiosas, civiles y militares, y los lugareños vestidos con sus mejores galas, se pasaba revista a los somatenes, se celebraba una misa y la bandera de España donada por la madrina recibía la bendición del sacerdote. Se proclamaban discursos encendidos y se terminaba la fiesta con un banquete popular. Todo el acto tenía un fuerte sentido patriótico y de exaltación del orden y de la fe. Los presentes sabían que estaban haciendo algo serio e importante y por ello se revestía el acto con la mayor ceremoniosidad posible.

Mirad las fotografías de ese día. Fueron hechas por don Luis Escobar (1887-1960) que fue un fotógrafo ambulante que recorrió los pueblos de Albacete, Ciudad Real y Cuenca entre los años 1920 y 1960.

Fotografía tomada en la actual Plaza del Ayuntamiento. Vuestra tía bisabuela está a la derecha del banderín y al lado de un militar, vestida de negro con la peineta más alta y un broche claro en el pecho.

Fotografía tomada ese mismo día en la casa de Juan Valentín Serrano y María Dolores Gómez Serrano, donde tuvo lugar una comida para celebrar el acontecimiento. La tía Berta está señalada con el número 11. Observad, hijos míos, que un puñado de hombres armados pueden ser, y de hecho son, muestra de la mayor civilicidad.

Ved aquí otros retratos de mi querida tía Berta en su juventud:

Vosotros no la conocisteis, queridos hijos, ya que murió en 1991, pero vuestra tía bisabuela Berta, la querida y dulce tía Berta, un día tuvo 19 años y, de entre todas las jóvenes de Villavaliente, fue escogida para ser la madrina del Somatén. Para ella, que era la humildad personificada, aquella elección fue un gran honor y preparó con gran seriedad y esmero un discurso que, medio siglo después, todavía podía recitar de memoria, pues aquel sencillo acto en su diminuto pueblo manchego fue para la tía Berta todo un acontecimiento. Como veréis es un discurso que dista mucho de ser retóricamente perfecto y tiene incluso errores de puntuación, pero era un texto en el que, con sinceridad genuina, expresaba una vocación de servicio abnegado que, posteriormente, a lo largo de su vida ejemplar, materializó en actos. Otro día, queridos hijos, os hablaré de su sencilla y hermosa vida. Leamos ahora su arenga:


Discurso de la madrina señorita Berta Serrano lopez


«Dignisimas autoridades,
Somatenistas, este Banderín que por mi mano se os entrega y del que me enorgullece ser la Madrina, ha de tener para todos una representación especial y sentida. Allá donde fuera ha de ser como el guión de la Patria y por tanto, por él y para ella, han de ser todos nuestros entusiasmos y todos nuestros afanes.
De ella, de la madre común, ha recibido el aliento: de Dios la bendición. De nosotros ha de recibir en este y en todos instantes nuestra ayuda material y, si preciso fuera, el holocausto de la vida en pro del orden, de la paz y de la tranquilidad de España, de la vieja madre que espera y confía en el esfuerzo de sus verdaderos hijos para seguir disfrutando de tranquila paz, sin que turbe sus sueños el sonido del cañón guerrero.
Por que así sea, yo elevo mis preces al cielo, hago votos y tengo la seguridad de que en este apacible rincón de mi Patria vibre latente el cariño por ella, como lo demuestra el hermoso acto al que todos, sin distinción, os habéis asociado con entusiasmo.
Y es que en vosotros, Somatenistas, ven la significación de esa paz duradera y constante por la que suspiran todos los habitantes de España. Atentos al orden, vigilando el derecho, prontos a coger sus armas para ser unos guerrilleros más ante el altar de la Patria. Eso es el Somatén y, por ello, yo siento una emoción y un orgullo noble e insospechado dentro de mí al verme designada como Madrina de este Banderín que no es otra cosa que la Bandera de España.
Y nada más, estimados Somatenistas, poco pueden interesaros mis palabras desprovistas de galas, aunque no de amor intensísimo hacia mi tierra bendita. Dios premiará a todos y a cada uno de vosotros el cariño que depositéis en el arca santa del amor patrio, en esta tierra vuestra, donde vuestros abuelos descansan y vuestros hijos alientan y, si volviera el día en que la paz hiciera precisa la guerra… las mujeres sabríamos como entonces, como siempre, ser para los combatientes angeles de cariño o heroínas de Zaragoza .
Mi débil voz quiere verse robustecida con la vuestra. Viva España, Viva el Rey, Viva nuestro libertador Primo de Rivera, Viva el Somatén y Viva Villavaliente.

El texto mecanografiado utilizado aquel día.


Observad hijos míos cuán naturales eran la invocación al Señor y la expresión franca del amor a la patria. También choca (en estos tiempos nuestros tan individualistas) el enaltecimiento del sacrificio personal en pro del bien mayor. Y no eran palabras proclamadas vanamente, no… En el ambiente se presentía la futura contienda y apenas 6 años después, cuando estalló la Guerra Civil y en Albacete imperó el Terror Rojo, los que asistieron a aquella ceremonia tuvieron ocasión de demostrar su fidelidad con lo que allí se ensalzó… y la mayoría pasó la prueba muy honrosamente.

Sí, vuestra tía percibía los peligros que acechaban; de ahí el espíritu belicoso que ella (la mujer más tímida, bondadosa y pacífica del mundo) transmitía. Porque la tía Berta conocía la diferencia entre la mansedumbre natural de algunas personas y ese pacifismo ideológico que es la peor elección cuando otros te han señalado ya como su enemigo.

«Largos períodos de paz promueven ciertas ilusiones. Una de ellas es creer que la inviolabilidad del hogar se basa en la Constitución. En realidad se basa en el padre de familia que se encuentra en su puerta, rodeado de sus hijos, hacha en mano.» Esto decía Ernst Junger. Y eso mismo sabían de manera instintiva los hombres y mujeres que veis en esas fotografías tomadas en aquellos tiempos revueltos. Temo que nosotros, que hemos vivido un largo período de paz y vivimos inmersos en el ensueño del progreso, tengamos muchas lecciones pendientes de aprender…

Para ir finalizando dejadme que también os indique que se atisba en el discurso de vuestra sencilla tía una comprensión suficiente de la doctrina clásica del bien común. Pero… ¿Qué es el bien común, preguntaréis? Utilizando las palabras de don José Miguel Gambra: «La doctrina clásica… caracteriza el bien común ante todo por la armonía social que nace de la colaboración de todos (cada uno desde su puesto) y de la concordia que surge de la mutua amistad», todo ello siempre encaminado a la finalidad última del hombre que no es otra que la Salvación.

Eso estuvo desde siempre marcado a fuego en los corazones de la gente del común. Se entendía que esa armonía social debía cuidarse especialmente en el ámbito de la comunidad política, aunque el bien de todos los miembros es también la finalidad de la familia, de la empresa, de la universidad, etc. Pero la patria, sí, es de especial importancia pues como dice Santo Tomás: «Después de Dios, los padres y la patria son también principios de nuestro ser y gobierno, pues de ellos y en ella hemos nacido y nos hemos criado. Por lo tanto, después de Dios, a los padres y la patria es a quien más debemos». Sí, a la tierra de nuestros padres (pues eso significa patria) le debemos la fe preservada, el orden, la cultura y muchos bienes que hemos disfrutado gracias a esfuerzos tremebundos sostenidos durante milenios por nuestros antepasados… Todos esos bienes los damos por seguros porque no queremos tener conciencia de la fragilidad de los mismos; queremos olvidar que, como decía Sir Roger Scruton, lo que ha necesitado siglos para construirse, puede ser destruido en un parpadeo.

Desde la atalaya que la edad me otorga (ya que llegué a conocer a ancianos nacidos a finales del siglo XIX y veo ahora nacer a criaturas que verán el siglo XXII) veo semejanzas y diferencias entre esas generaciones tan separadas en el tiempo, entre vosotros y la joven que fue vuestra tía bisabuela. Los jóvenes de todas las épocas tienen de manera natural, esperanza, impulso vital, deseo de bien, ganas de poner lo mejor de sí… pero temo que la juventud actual no percibe claramente los peligros que la acechan así como la necesidad de oponerse a ellos y, sobre todo, adolece de una formación filosófica sólida y sana. Y esto último es lo que más la debilita. De todo ello os iré hablando, corazones míos, en sucesivas cartas.

Para ir ya terminando y como curiosidad, junto al texto mecanografiado, encontré también un texto manuscrito muy posterior que resulta conmovedor: la tía Berta, 40 años después, siendo ya una anciana, una tarde, seguramente como entretenimiento, volvió a escribir el texto que su memoria todavía preservaba.

Texto escrito de memoria casi medio siglo más tarde. En la parte inferior de la primera hoja aparece esta anotación: «Esto lo dije cuando tenía 19 años y lo he recordado a los 69 estando enferma».

Hoy, casi 100 años después de aquella ceremonia, os la traigo yo a vuestro conocimiento. Dios quiera que vosotros tengáis hijos y que de aquí a 50 años (cuando yo sea un recuerdo tal y como para mí lo es ahora la tía Berta) tengáis nietos a quien narrársela y que, más allá de vosotros, estas memorias, minúsculas pero que tanto explican de una España ya casi inexistente, puedan preservarse.

Os quiere,

Vuestra madre.

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Para esta carta me he servido de:

1.- El libro Familia Serrano-García escrito por un primo lejano nuestro, Juan Carlos Serrano Monedero, donde se recoge parte de la genealogía de nuestra familia.

2.- El muy recomendable libro La sociedad tradicional y sus enemigos del catedrático de Lógica de la Universidad Complutense de Madrid e insigne carlista don José Miguel Gambra.

3.- El artículo: ¿Una «milicia anémica»? El «gran Somatén español» durante la dictadura de Primo de Rivera, de Guillermo María Muñoz y Carlos Navajas, publicado en la Revista Universitaria de Historia Militar.

4.- El documental La dictadura del general Primo de Rivera, creado por el Instituto CEU de Estudios Históricos: https://www.youtube.com/watch?v=c84Tz66djFg&t=2132s

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